La sensación de asomarse al precipicio para lavar la ropa fuera del espacio natural y seguro del hogar.
Lavar a mano! Esa forma antigua e incómoda que no aprovecha las ventajas de la tecnología.
Pero toca, palpa, acaricia, y mide la calidad de las ropas más...
Ya no se labran los campos, no se trabajan las huertas, no se cuelgan las ropas.
Quedan los restos de cuando hablábamos con el entorno.
Sólo crece el silencio.
Y el abandono, el nuestro, de nosotros, de abandonarnos, aislarnos.
Como si pudiésemos vivir solos...